La tecnología puede simplificar los procedimientos, pero no necesariamente simplifica la ortodoncia.
Nunca habíamos dispuesto de tantas herramientas capaces de facilitar nuestro trabajo. El escáner intraoral, la planificación digital, la fabricación CAD/CAM, la impresión 3D, los alineadores o la inteligencia artificial han simplificado procesos que hace no tantos años requerían mucho más tiempo, destreza y recursos.
Desde ese punto de vista, hacer ortodoncia parece cada vez más sencillo.
Sin embargo, quizá estemos confundiendo dos conceptos diferentes: que un procedimiento sea más sencillo no significa que el tratamiento también lo sea.
De hecho, podría estar ocurriendo justamente lo contrario. A medida que aumentan nuestras posibilidades terapéuticas, también aumenta el número de decisiones que debemos tomar. Y nuestros pacientes tampoco son los mismos. Tratamos más adultos, con restauraciones previas, ausencias dentarias, implantes, desgastes importantes o problemas periodontales, y participamos cada vez más en tratamientos preprotésicos, preimplantarios, periodontales u ortognáticos.
