Introducción
Tras la fase de ortopedia prequirúrgica y la realización de la queiloplastia, previamente descrita en la literatura y en nuestro protocolo de manejo temprano del paciente fisurado, el papel del ortodoncista dentro del equipo multidisciplinar experimenta un cambio significativo(1)(2). Si bien durante el primer año de vida la colaboración entre cirujano y ortodoncista es estrecha y determinante, en las etapas posteriores el protagonismo clínico recae progresivamente en otros especialistas. (Figura 1)
Durante los primeros años tras la cirugía primaria, el logopeda adquiere un papel fundamental en el desarrollo del lenguaje, especialmente tras la reparación del paladar mientras que el otorrinolaringólogo realiza el seguimiento funcional mediante evaluaciones audiométricas. En esta fase, el ortodoncista permanece en un segundo plano, con un papel de observación y control evolutivo dentro del equipo.
Alrededor de los 5–6 años de edad, pueden hacerse evidentes las limitaciones de las cirugías primarias, siendo necesario en algunos casos recurrir a procedimientos secundarios como revisiones labiales, faringoplastias o cierre de fístulas. (Figura 2)
Paralelamente, el odontopediatra adquiere un papel relevante mediante el control preventivo y el mantenimiento de la salud oral.
Es en este momento, coincidiendo con el inicio de la dentición mixta, cuando el ortodoncista recupera un papel protagonista en el manejo del paciente fisurado. Esta etapa representa un punto de inflexión en el tratamiento, donde se establecen las bases para la preparación del injerto óseo alveolar secundario y la planificación ortodóncica a medio y largo plazo(3).
Cambio de escenario: dentición mixta
El paciente con fisura labiopalatina presenta, en la etapa de dentición mixta, una serie de particularidades que lo diferencian claramente del paciente ortodóncico convencional. Estas diferencias no solo afectan a la posición dentaria, sino también a la calidad del soporte óseo y al desarrollo global de las arcadas(1). (Figura 3)
Desde un punto de vista clínico, resulta útil dividir estos problemas en alteraciones intra-arcada e inter-arcadas.


