Introducción
El maxilar se articula con numerosos huesos: superiormente con el hueso frontal; posteriormente con los huesos esfenoides, etmoides, palatino y lagrimal; medialmente con los huesos nasal, vómer y concha nasal inferior y lateralmente con el hueso cigomático. Las suturas craneales y faciales son articulaciones de tejido conectivo blando que se encuentran entre los huesos del cráneo. Las suturas existen únicamente en los huesos craneofaciales y tienen formas sumamente complejas. Como articulaciones, las suturas absorben y transmiten tensiones mecánicas tanto durante actividades naturales como la masticación, y también en el caso de fuerzas aplicadas no naturales, como cargas ortopédicas. Las suturas facilitan el crecimiento longitudinal de la mayoría de los huesos en el cráneo, ya que, sin ellas, los huesos del cráneo pueden engrosarse, pero no alargarse.(1)
En ocasiones, el maxilar puede ser hipoplásico y/o encontrarse en una posición más retruída respecto a su base craneal y mandibular, estableciendo una relación de clase III. El tratamiento de la maloclusión de clase III esquelética es todo un reto ortodóntico y ortopédico. Los pacientes con un patrón de crecimiento desfavorable afectados por esta discrepancia esquelética generalmente requieren una intervención temprana y efectiva.(2)
Haas sugirió el uso de la máscara facial (MF) combinado con un aparato de expansión rápida del maxilar (ERM) siempre que hubiera retrusión maxilar y mordida cruzada posterior. Reportó que la ERM puede llegar a producir un ligero movimiento anterior de éste. Además, supuso que se debilitaban las suturas circunmaxilares, facilitando el movimiento que produciría la máscara facial. Algunas de estas suturas son: la sutura frontonasal, frontomaxilar, frontocigomática, internasal, nasomaxilar, cigomaticomaxilar, intermaxilar, temporocigomática, pterigomaxilar y sutura media palatina.(3)
Se ha demostrado que el tratamiento con (ERM/MF) a edades tempranas da mejor resultado a nivel esquelético. Aun así, diferentes edades cronológicas han sido propuestas como el mejor momento para iniciar el protocolo (ERM/MF). Mientras algunos autores recomiendan los 8 años, 9 años, 10 años o antes de la pubertad, otros no identifican diferencias entre estas diversas edades.(8)(9)(10)(11)